martes, 21 de octubre de 2014

De todos los días: Espera atenta


Para el día de hoy (21/10/14) 
Evangelio según San Lucas 12, 35-38
Para ahondar en la enseñanza del Maestro, es preciso remontarnos a los tiempos de su ministerio; en la Palestina del siglo I -y antes también- la vestimenta usual se componía de una túnica principal que se pasaba por la cabeza y que, a su vez, tenía sendos orificios para los brazos, llegando hasta las rodillas o más abajo. Entonces, esos ropajes cuasi talares habían de ceñirse al cuerpo mediante una tela, un cinturón o un cíngulo de cuerda para permitir la libertad de movimientos, para moverse sin dificultades. Y las lámparas de aceite eran imprescindibles para poder andar en la noche, para no tropezar en la oscuridad.
La periodista de la BBC Martina Purdy ingresa en un convento de las Hermanas de la Adoración 
Martina Purdy era hasta hace unos días una de las más importantes corresponsales de política de la mayor cadena de noticias del Reino Unido, la BBC. S…
CONFER, SJM y Cáritas denuncian la situación en Melilla 
El Secretariado de la Comisión Episcopal de Migraciones, CONFER, el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) y Cáritas, han denunciado «el aumento de las mu…

”
El cristiano es un hombre o una mujer que sabe esperar a Jesús y por esta razón es un hombre o una mujer de esperanza”. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa de la mañana, celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Papa también dijo que Cristo, con su sacrificio, nos ha hecho “amigos cercanos, en paz”. Personas que saben esperar y, en la espera, cultivan una sólida esperanza. Éstos son los cristianos, un pueblo unido por Jesús más allá de toda enemistad, servido por Él y dotado de un nombre.

Pastoralsj. Nuevas propuestas

Un saludo cordial. Esta quincena hemos renovado, una vez más, todas las secciones, con propuestas que quieren invitar a pensar, dialogar y buscar a Dios en lo cotidiano. Esperamos que os sirvan, y como siempre, os agradecemos que les deis toda la difusión que creáis útil para otros. Un abrazo de todo el equipo de pastoralsj.

Reflexión:

Está pasando:

QUIERO LO QUE NO TENGO.Una encrucijada eclesial
No en mi nombre
Cinco días

En clave de Dios:

Para pensar:

Estar donde estoy
Aprender a escuchar
El hábito invisible... y nocivo
Equivócate y acertarás
Abrirse paso
Verdades como puños

Cine & más:

Para leer:

Aquí y AhoraEscondido centro

En medio:

Recomendaciones:

Orar en tiempos de crisisFuera de las trincheras

A fondo:

 
El largo camino del duelo: Una oportunidad de aprender de la pérdida


Obispo de Tánger Monseñor Agrelo

Con Cristo, en la frontera:


A los fieles laicos, a las personas consagradas y a los presbíteros de la Iglesia de Tánger: Paz y Bien

A esta Iglesia la hizo de frontera la historia, y lo natural hubiera sido que, en nuestra vida de creyentes, esa frontera significase sólo un límite o confín reconocido entre dos Estados soberanos.
Pero injusticia, violencia y explotación han llenado de empobrecidos los caminos del mundo, y, para ellos, muchas fronteras se han transformado en límite impuesto por los poderosos a derechos que son de todos, y en desprecio de derechos particulares que tienen por serlo los pobres.
El egoísmo, la arrogancia, la crueldad, han transformado nuestras fronteras en vallas con cuchillas, en barreras que se pretende infranqueables para los empobrecidos de la tierra, en escenario para una trama de privaciones, enfermedades, heridas y mutilaciones, en cementerio de vidas jóvenes y de esperanzas legítimas.
A los creyentes, esa perversión deshumanizada de la frontera nos obliga a situarnos en ella para estar al lado de sus víctimas. Y la gracia de Dios, la fuerza de su Espíritu, nos unge para que ahí asumamos, como testigos de una humanidad nueva, nuestras responsabilidades con los pobres y con el evangelio que para ellos se nos ha confiado.
La perversión de estas fronteras no es episódica, como no lo son la injusticia, la violencia, la explotación y la prepotencia que las han transformado en espacios de muerte. Nuestras fronteras son cementerios que nunca se cierran; sólo ignoramos cuál será –y cuántos serán- el próximo nombre o el próximo número que se ha de escribir en su lista de muertos.
Dentro de esa estructura de muerte que muchos quisieran opaca porque la quieren impune, se producen a veces brechas informativas, o porque los muertos no se pueden ocultar, o porque algunas imágenes escapan al control del poder establecido.
El pasado día 15, fiesta de Santa Teresa de Jesús, se produjo en la frontera de Melilla una de esas brechas por las que se asomó a nuestra conciencia un episodio en la vida de un hombre, sólo unos minutos de su tiempo: agentes de la guardia civil agreden en territorio español a un emigrante que está bajando de la valla, a golpes lo dejan inconsciente, y en ese estado, sin tomar ningún tipo de precaución sanitaria, lo mueven y por un paso abierto en la valla lo devuelven a territorio marroquí.
La evidencia del daño injustamente causado, de la violencia gratuita ejercida, del trato humillante dispensado, exige que exprese, como obispo, la solidaridad de esta Iglesia con ese hombre –con todos los emigrantes- y nuestra comunión con él, y hace urgente que esta Iglesia reconozca públicamente a esos emigrantes –bautizados o no- como hijos suyos, y que a toda persona de buena voluntad, también a las autoridades de los pueblos y a las fuerzas del orden, pida para ellos en justicia lo que se les debe, y por solidaridad lo que necesitan.
Por lo breve
República Centroafricana: los Anti-Balaka obligan a cerrar escuelas de misioneros
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